Quistes renales

Los quistes renales son bolsas llenas de líquido que se forman en los riñones. Suelen ser simples e inofensivos y se vuelven más frecuentes al avanzar la edad. Los estudios de imagen permiten distinguir un quiste sencillo de uno que merece más atención.

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¿Qué es?

Los quistes renales son bolsas de líquido que se forman dentro de los riñones. En la mayoría de los casos se trata de quistes simples: tienen una pared delgada y contienen un líquido parecido al agua. Quiero subrayar algo tranquilizador: son bastante comunes conforme avanzamos en edad y, por lo general, no producen síntomas ni causan daño.

En pocas ocasiones, un quiste puede infectarse, sangrar o crecer y entonces sí generar molestias. También existen los quistes llamados complejos, que tienen una pared más gruesa o contienen material sólido además de líquido; estos requieren más atención. Tener algunos quistes simples es distinto de tener muchos quistes por una enfermedad poliquística renal, que es un trastorno hereditario.

Síntomas y señales de alerta

La gran mayoría de los quistes simples no produce ninguna molestia y se descubren por casualidad. Cuando un quiste se complica, pueden aparecer:

  • Fiebre
  • Dolor o sensibilidad entre las costillas y la cadera
  • Dolor en la parte alta del abdomen
  • Cambios en los hábitos urinarios
  • Sangre en la orina

Si se presentan estos síntomas, conviene una valoración médica para revisar el quiste con detalle.

Factores de riesgo

La causa exacta de los quistes renales no se conoce, pero el factor más importante es la edad. Se estima que alrededor de una tercera parte de las personas mayores de 70 años tiene al menos un quiste renal simple, y es normal tener más de uno en cada riñón conforme pasan los años. La enfermedad poliquística renal, en cambio, es un trastorno genético en el que se forman numerosos quistes que pueden afectar la función del riñón; esa situación es distinta a tener unos cuantos quistes simples.

¿Cómo se diagnostica?

Como rara vez dan síntomas, los quistes renales suelen descubrirse en estudios de imagen realizados por otros motivos. Aquí es donde la radiología cumple un papel central, ya que permite confirmar de qué tipo de quiste se trata y distinguir uno simple de uno que necesita seguimiento.

  • Ultrasonido abdominal y pélvico: toma imágenes de los riñones y confirma que el quiste contiene líquido en su interior. Es muy útil para vigilar los quistes y observar si cambian con el tiempo. Es seguro, cómodo y no usa radiación.
  • Tomografía computarizada de abdomen y pelvis: suele complementar al ultrasonido en el estudio de los quistes complejos y ayuda a diferenciar un quiste benigno de un tumor. Puede incluir la aplicación de medio de contraste.
  • Resonancia magnética del cuerpo: produce imágenes muy detalladas de los riñones sin utilizar radiación y, al igual que la tomografía, puede realizarse con medio de contraste.

Gracias a estos estudios, una imagen inicial poco definida se convierte en información clara que permite decidir si solo hace falta vigilancia.

¿Cómo se trata?

La mayoría de los quistes renales no necesita tratamiento. Si son simples y no provocan molestias, simplemente se dejan en observación. El tratamiento se reserva para los casos en que el quiste causa síntomas o afecta la función del riñón.

Cuando hace falta intervenir, existen opciones poco agresivas. La escleroterapia consiste en introducir una aguja delgada en el quiste, guiada por ultrasonido, drenar su contenido y colocar una solución que hace que el tejido se reduzca, disminuyendo la posibilidad de que el quiste vuelva a llenarse; suele realizarse de forma ambulatoria con anestesia local. Para quistes de mayor tamaño puede recurrirse a una cirugía por laparoscopía, en la que se drena el quiste y se retira su capa externa. El médico elige la mejor opción de acuerdo con cada persona.

Esta información es de carácter educativo y no sustituye la consulta médica. Cada caso es distinto: si tienes síntomas o dudas, acude con tu médico para una valoración personalizada.

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