¿Qué es?
El dolor pélvico es la molestia que se localiza en la región comprendida entre las caderas y por debajo del ombligo. Aunque cualquier persona puede experimentarlo, el término suele usarse para referirse al dolor pélvico femenino, que puede afectar los huesos de la pelvis, los tejidos blandos o los órganos de esa zona.
En muchos casos se debe a situaciones cotidianas, como la menstruación. Sin embargo, también puede ser señal de alguna enfermedad, infección o alteración. No conviene alarmarse, pero sí prestar atención, porque identificar la causa es el primer paso para resolverlo.
Síntomas y señales de alerta
El dolor pélvico puede sentirse de muchas formas: como presión, cólico, ardor o un dolor sordo y constante. Conviene buscar atención médica si notas:
- Dolor intenso o que aparece de forma repentina
- Molestia que persiste o que regresa con frecuencia
- Dolor acompañado de fiebre, náuseas o sangrado anormal
- Dolor relacionado con la menstruación o las relaciones sexuales
- Dolor junto con molestias al orinar
Describir bien cómo y cuándo se presenta el dolor ayuda mucho a tu médico a orientar el estudio.
Factores de riesgo
El dolor pélvico puede tener orígenes muy variados. Entre las causas más frecuentes se encuentran:
- Apendicitis e infecciones de las vías urinarias
- Infecciones de transmisión sexual
- Cálculos en los riñones o la vejiga
- Diverticulitis o colitis
- Embarazo ectópico o torsión de un ovario
- Miomas (fibromas) y endometriosis
- Disfunción del piso pélvico
- En casos menos comunes, algún tipo de cáncer
Identificar a cuál de estas causas corresponde el dolor es precisamente el objetivo de la evaluación médica.
¿Cómo se diagnostica?
Para encontrar el origen del dolor, tu médico puede combinar análisis de laboratorio con estudios de imagen. Estos últimos son fundamentales para ver el interior de la pelvis y el abdomen, y convertir una molestia difusa en un diagnóstico claro.
- El ultrasonido pélvico muestra las estructuras de la parte baja del abdomen y la pelvis. Existen tres modalidades: transabdominal, transvaginal y transrectal. La transvaginal suele dar las imágenes de mejor calidad del útero y los ovarios. Es un estudio seguro que no usa radiación.
- El ultrasonido abdominal evalúa órganos de la parte alta del abdomen, como riñones, hígado, vesícula y páncreas, y ayuda a estudiar el dolor sin emplear radiación.
- La tomografía computarizada de abdomen y pelvis es muy útil para detectar cálculos renales, apendicitis, diverticulitis y otras causas. Es rápida y precisa, lo que la hace valiosa incluso en situaciones de urgencia.
- La resonancia magnética del piso pélvico ofrece imágenes detalladas de los músculos que sostienen los órganos pélvicos y ayuda a diagnosticar trastornos como el prolapso, la incontinencia o el estreñimiento.
- La radiografía de abdomen emplea una dosis muy baja de radiación y resulta útil, sobre todo, para valorar la dilatación del tubo digestivo.
La elección del estudio depende de cada caso, y tu radiólogo y tu médico definirán cuál aporta la información más útil.
¿Cómo se trata?
El tratamiento del dolor pélvico depende directamente de la causa que lo produce. Por eso, identificar el origen es tan importante como aliviar el síntoma.
- Si se trata de cálculos en los riñones o la vejiga, puede ser necesaria una valoración urológica.
- Cuando existe sospecha de cáncer, suele requerirse una biopsia para confirmar el diagnóstico.
- En caso de cáncer, las opciones pueden incluir cirugía, quimioterapia o radioterapia.
Una vez aclarado el origen, tu médico te indicará el camino más adecuado para resolver la molestia.