Enfermedad de las paratiroides

La enfermedad de las paratiroides afecta a las cuatro glándulas pequeñas situadas en el cuello que regulan el nivel de calcio del cuerpo. Cuando este equilibrio se altera, pueden surgir distintas molestias. Los análisis de sangre y los estudios de imagen ayudan a diagnosticarla y a planear su tratamiento.

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¿Qué es?

La enfermedad de las paratiroides afecta a estas cuatro glándulas del tamaño de un chícharo, ubicadas en el cuello, cerca de la tiroides. Su función es producir la hormona paratiroidea (PTH), que mantiene el calcio del cuerpo en el nivel correcto. Normalmente liberan justo la cantidad necesaria, pero la enfermedad rompe ese delicado equilibrio.

Existen tres formas principales:

  • Hiperparatiroidismo, la más frecuente, en la que una o más glándulas trabajan de más y producen demasiada PTH. Esto puede elevar el calcio en la sangre (hipercalcemia). Suele deberse a un tumor benigno en una glándula.
  • Cáncer de paratiroides, una forma muy poco común que también puede causar hiperparatiroidismo.
  • Hipoparatiroidismo, cuando el cuerpo produce muy poca PTH y el calcio en la sangre queda demasiado bajo; suele aparecer tras una cirugía de cuello.

Síntomas y señales de alerta

Muchas personas con hiperparatiroidismo no presentan ningún síntoma y la enfermedad se descubre en un análisis de rutina. Cuando hay molestias, suelen ser leves:

  • Debilidad muscular y fatiga
  • Mayor necesidad de dormir
  • Estado de ánimo decaído
  • Dolores en huesos y articulaciones

En casos más avanzados pueden aparecer pérdida del apetito, náuseas, vómito, estreñimiento, confusión o problemas de memoria, así como más sed y ganas de orinar. Si el calcio se mantiene alto, puede favorecer osteoporosis, cálculos renales, hipertensión o problemas del corazón.

Factores de riesgo

Algunas situaciones se asocian con mayor probabilidad de padecer esta enfermedad:

  • Tener entre 50 y 60 años, edad en la que se diagnostica con más frecuencia
  • Ser mujer, ya que el hiperparatiroidismo es unas tres veces más común que en los hombres
  • Padecer insuficiencia renal u otros problemas del riñón, que pueden volver hiperactivas a las glándulas
  • Antecedentes de cirugía o daño en el cuello, en el caso del hipoparatiroidismo
  • Ciertos trastornos genéticos poco frecuentes que alteran los niveles de calcio

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico suele comenzar con análisis de sangre que miden los niveles de calcio y de PTH. Una vez confirmada la enfermedad, los estudios de imagen son fundamentales tanto para valorar sus consecuencias como para localizar la glándula afectada.

  • La densitometría ósea (DEXA o DXA) usa una dosis muy baja de radiación para medir la pérdida de hueso, generalmente en la columna baja y las caderas. Es un estudio sencillo, rápido y no invasivo.
  • El ultrasonido emplea ondas de sonido, sin radiación, y es muy útil para localizar tumores benignos en una o más glándulas.
  • La tomografía computarizada del cuerpo combina rayos X y computadora para crear imágenes tridimensionales. Una variante especializada, la tomografía 4D de paratiroides, ofrece una vista aún más detallada y resulta valiosa cuando otros estudios no logran mostrar la glándula anormal.
  • La resonancia magnética del cuerpo utiliza un campo magnético y ondas de radio para obtener imágenes detalladas y puede aportar información adicional.

Localizar con precisión la glándula afectada antes de una cirugía permite planear un procedimiento más sencillo y eficaz.

¿Cómo se trata?

El tratamiento depende del tipo y la severidad de la enfermedad, e incluye varias opciones:

  • Cirugía, muy eficaz para retirar las glándulas hiperactivas. Puede realizarse de forma mínimamente invasiva, con una pequeña incisión, o mediante una exploración del cuello cuando se necesita revisar varias glándulas.
  • Vigilancia, indicada en casos leves sin síntomas, con calcio solo ligeramente elevado y función renal y ósea normales. Consiste en revisiones periódicas con análisis y medición de densidad ósea.
  • Medicamentos, como los calcimiméticos, que reducen la cantidad de PTH que producen las glándulas.
  • Suplementos, sobre todo de calcio y vitamina D, para quienes presentan niveles bajos tras una cirugía.

Tu médico definirá contigo la mejor estrategia según tu situación particular.

Esta información es de carácter educativo y no sustituye la consulta médica. Cada caso es distinto: si tienes síntomas o dudas, acude con tu médico para una valoración personalizada.

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