Enfermedad arterial periférica

La enfermedad arterial periférica afecta a las arterias situadas fuera del corazón y el cerebro, con mayor frecuencia las de las piernas. En ella, los vasos se estrechan o se bloquean por acumulación de placa. Identificarla a tiempo permite mejorar la circulación y cuidar tu calidad de vida.

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¿Qué es?

La enfermedad arterial periférica, abreviada como EAP, es un trastorno de las arterias que se presenta fuera del corazón y del cerebro. En esta condición, los vasos encargados de llevar sangre con oxígeno a todo el cuerpo se vuelven más estrechos o llegan a bloquearse, casi siempre por la acumulación de placa, un proceso conocido como aterosclerosis.

Aunque afecta sobre todo a las arterias de las piernas, también puede involucrar las que llevan sangre a la cabeza, los brazos, los riñones y el aparato digestivo.

Muchas personas con esta enfermedad tienen síntomas leves o no presentan ninguno. Otras experimentan claudicación, es decir, dolor en las piernas al caminar, cuya intensidad varía de molesta a limitante. También pueden aparecer llagas que tardan en sanar y una sensación constante de frío en pies y piernas.

Síntomas y señales de alerta

Las manifestaciones más comunes de la EAP incluyen:

  • Dolor o calambres en las piernas al caminar
  • Molestia que cede al descansar
  • Sensación persistente de frío en los pies y la parte baja de las piernas
  • Heridas o úlceras que no terminan de cicatrizar
  • Cansancio en las piernas con esfuerzos pequeños
  • Cambios en el color de la piel

Factores de riesgo

Entre los factores que favorecen la enfermedad arterial periférica están la diabetes, el tabaquismo, el colesterol elevado y la presión arterial alta. La mayoría de los casos se presentan en personas mayores de 50 años. Atender estos factores ayuda a frenar el avance de la enfermedad.

¿Cómo se diagnostica?

Los estudios de imagen tienen un papel central para confirmar la EAP y conocer dónde están las obstrucciones:

  • Ultrasonido vascular: emplea ondas de sonido para mostrar las arterias y localizar zonas bloqueadas. Es un estudio cómodo y sin radiación.
  • Ultrasonido Doppler: una técnica especial de ultrasonido que detecta áreas donde el flujo de sangre por la arteria está reducido.
  • Angiotomografía: produce imágenes muy detalladas de las arterias del abdomen, la pelvis y las piernas, y resulta de gran utilidad en personas con marcapasos o stents.
  • Angiografía por catéter: un estudio mínimamente invasivo que usa contraste y rayos X para mostrar el flujo de sangre y señalar las obstrucciones presentes.
  • Angiorresonancia magnética: ofrece información parecida a la tomografía sin emplear radiación ionizante.

Estos estudios permiten transformar una sospecha en un mapa claro de la circulación.

¿Cómo se trata?

En las etapas iniciales, los cambios en el estilo de vida suelen ser la primera opción: ajustar la alimentación, hacer ejercicio y dejar el tabaco. Cuando se necesita restablecer mejor el flujo de sangre, existen otros procedimientos:

  • Angioplastia: se guía un catéter hasta la arteria afectada y se infla un pequeño globo para abrirla. En algunos casos se coloca un stent para mantenerla despejada.
  • Cirugía de derivación (bypass): se crea una nueva ruta, con un vaso del propio cuerpo o uno sintético, para que la sangre rodee la zona estrechada.
  • Trombólisis dirigida por catéter: se lleva un medicamento directamente al sitio de la obstrucción para disolver el coágulo.
  • Aterectomía: mediante un catéter se retira la placa de la arteria.

El tratamiento se adapta siempre a cada paciente.

Esta información es de carácter educativo y no sustituye la consulta médica. Cada caso es distinto: si tienes síntomas o dudas, acude con tu médico para una valoración personalizada.

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