¿Qué es?
La osteoporosis es una enfermedad que deteriora el tejido de los huesos y les quita resistencia. A medida que avanza, el hueso se vuelve más poroso, justo como sugiere su nombre, y por eso se rompe con mayor facilidad. Visto al microscopio, un hueso sano tiene una estructura parecida a un panal de abejas; cuando hay osteoporosis, esos huecos se ven mucho más grandes de lo normal.
La fragilidad puede llegar a ser tal que actividades cotidianas, como cargar peso, agacharse, tropezar con un mueble o incluso estornudar, lleguen a causar una fractura. Las roturas más frecuentes ocurren en la cadera, la columna y la muñeca, aunque cualquier hueso puede verse afectado.
Síntomas y señales de alerta
Uno de los aspectos más importantes de la osteoporosis es que suele permanecer años sin dar molestias. Por eso se le llama una enfermedad silenciosa. Aun así, conviene estar atento a estas señales:
- Dolor de espalda fuerte, sobre todo si aparece de forma repentina
- Disminución de la estatura con el paso del tiempo
- Una postura encorvada que antes no tenías
- Fracturas provocadas por caídas o golpes que parecían leves
Si notas alguno de estos cambios, vale la pena comentarlo con tu médico para revisar la salud de tus huesos.
Factores de riesgo
Algunas personas tienen mayor probabilidad de desarrollar osteoporosis. Entre los factores que más influyen están:
- Ser mujer, en especial después de la menopausia
- La edad avanzada
- Antecedentes familiares de la enfermedad
- Un peso corporal bajo
- El tabaquismo
- El uso prolongado de ciertos medicamentos, como los corticoides o esteroides
Conocer tus factores de riesgo ayuda a decidir cuándo conviene hacer una primera evaluación.
¿Cómo se diagnostica?
El estudio clave para detectar la osteoporosis y calcular tu riesgo de fractura es la densitometría ósea. Esta prueba mide la densidad mineral del hueso y casi siempre se realiza con una técnica llamada absorciometría de rayos X de doble energía, conocida como DXA o DEXA. El equipo registra cuánta radiación absorben el hueso y los tejidos, y a partir de ello calcula tu densidad ósea.
La densitometría entrega dos valores muy útiles: el puntaje T, que compara tu hueso con el de una persona joven sana y sirve para estimar tu riesgo de fractura y la necesidad de tratamiento; y el puntaje Z, que te compara con personas de tu misma edad y puede orientar si hacen falta más estudios.
Otros estudios de imagen también aportan información valiosa:
- La radiografía muestra los huesos de la mano, muñeca, brazo, hombro, pie, pierna, rodilla, cadera, pelvis o columna, y ayuda a identificar fracturas que pueden deberse a la osteoporosis.
- La tomografía de columna evalúa la alineación de las vértebras, detecta fracturas y permite estimar la densidad ósea.
- La resonancia magnética de columna ayuda a distinguir si una fractura vertebral es reciente o antigua y a descartar otras causas de fondo.
¿Cómo se trata?
La osteoporosis tiene tratamiento, y hoy existen varios medicamentos aprobados para fortalecer el hueso y reducir el riesgo de fracturas. Entre ellos se encuentran los bisfosfonatos, la calcitonina, la terapia hormonal, los inhibidores del ligando RANK, los moduladores selectivos de los receptores de estrógeno y los análogos de la hormona paratiroidea. Todos requieren receta y una valoración médica previa.
Cuando la osteoporosis provoca fracturas por compresión en las vértebras y estas causan dolor, existen procedimientos guiados por imagen, como la vertebroplastia y la cifoplastia, que un radiólogo puede realizar para aliviar las molestias. En la vertebroplastia se inyecta una mezcla de cemento especial en el hueso fracturado; en la cifoplastia se introduce primero un pequeño balón para crear un espacio y luego se rellena con cemento. En casos seleccionados puede ser necesaria una cirugía. El tratamiento siempre se ajusta a cada paciente, así que lo ideal es definirlo junto con tu médico.