¿Qué es?
La neumonía es una infección que provoca inflamación en uno o en los dos pulmones. Puede estar causada por virus, bacterias, hongos u otros microorganismos. Lo más habitual es que se adquiera al respirar aire que contiene estos gérmenes, que llegan hasta las pequeñas bolsas de aire del pulmón y desencadenan la infección.
Cuando los pulmones se inflaman, se acumula líquido y secreciones que dificultan que el oxígeno pase a la sangre. Por eso aparecen la tos, la fiebre y la sensación de falta de aire. En la mayoría de los casos la neumonía responde bien al tratamiento, pero conviene atenderla pronto porque, sin manejo adecuado, puede complicarse.
Síntomas y señales de alerta
Los síntomas de la neumonía pueden variar de una persona a otra, pero los más frecuentes son:
- Tos que produce flema y, en algunos casos, sangre
- Fiebre, escalofríos o temblores
- Dificultad para respirar o sensación de falta de aire
- Dolor en el pecho o en los músculos
- Cansancio importante y sudoración
La neumonía puede derivar en complicaciones serias, como acumulación de líquido alrededor del pulmón, abscesos o una inflamación generalizada del cuerpo. Por eso es importante buscar atención médica de inmediato si los síntomas son intensos o no mejoran.
Factores de riesgo
Algunas personas tienen más probabilidad de desarrollar neumonía. Los grupos y situaciones de mayor riesgo incluyen:
- Niños pequeños y personas mayores de 65 años
- Enfermedades pulmonares previas, como enfisema, o padecimientos que debilitan las defensas, como el VIH
- Haber tenido influenza recientemente
- Tabaquismo o consumo excesivo de alcohol
- Exposición a humos o sustancias químicas irritantes
- Hospitalizaciones prolongadas, cirugías o lesiones recientes
¿Cómo se diagnostica?
El médico inicia preguntando por los antecedentes y los síntomas, y realiza una exploración física en la que escucha los pulmones en busca de ruidos anormales como crepitaciones o silbidos. Para confirmar el diagnóstico, los estudios de imagen son la herramienta clave:
- Radiografía de tórax: es el estudio más utilizado. Permite observar los pulmones y detectar las manchas blancas, llamadas infiltrados, que delatan la infección. También muestra complicaciones como abscesos o líquido alrededor del pulmón.
- Tomografía computarizada del tórax: ofrece imágenes mucho más detalladas y revela neumonías difíciles de ver en una radiografía simple. Muestra con claridad las vías respiratorias y ayuda a identificar complicaciones o ganglios aumentados de tamaño.
- Ultrasonido del tórax: resulta útil cuando se sospecha líquido alrededor de los pulmones, ya que ayuda a medir su cantidad y a orientar sobre su causa.
- Resonancia magnética: no es de uso rutinario, pero puede aportar información adicional sobre el corazón, los vasos y las estructuras de la pared del tórax.
En algunos casos se realiza una biopsia de pulmón guiada por imagen para identificar con precisión la causa de la infección.
¿Cómo se trata?
El tratamiento de la neumonía depende del germen que la provoca: las de origen bacteriano se manejan con antibióticos, mientras que otras requieren cuidados de apoyo, reposo e hidratación. La mayoría de las personas se recupera bien con el manejo indicado por su médico.
Cuando la neumonía genera complicaciones, existen procedimientos guiados por imagen que ayudan a evaluarla y tratarla:
- Toracentesis: extrae líquido del tórax para estudiarlo e identificar el germen responsable; también alivia molestias. Se guía con radiografía, tomografía o ultrasonido.
- Colocación de sonda torácica: introduce un tubo delgado entre la pared del tórax y el pulmón para drenar líquido o aire acumulado, con apoyo de tomografía o ultrasonido.
- Drenaje de absceso guiado por imagen: permite colocar con precisión un catéter para vaciar un absceso pulmonar.
Con atención oportuna, la neumonía suele resolverse sin dejar secuelas.