Incontinencia fecal

La incontinencia fecal es la pérdida del control sobre la evacuación intestinal. Puede acompañar al estreñimiento o a la diarrea y suele afectar a adultos mayores y a niños. Tiene muchas causas posibles, por lo que los estudios de imagen ayudan a identificar el origen y orientar el tratamiento.

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¿Qué es?

La incontinencia fecal es la incapacidad de controlar cuándo y cómo salen las heces del cuerpo. Puede presentarse junto con estreñimiento o con diarrea, y es más frecuente en adultos mayores y en niños. Aunque puede resultar incómoda de hablar, es un problema médico común y tratable.

Una evacuación normal depende de que el recto, el ano, los músculos de la pelvis y el sistema nervioso trabajen de forma coordinada. Cuando alguno de estos elementos falla, puede aparecer la incontinencia. Entre las causas más habituales están el daño a los músculos o los nervios de la zona, las lesiones del recto, el estreñimiento crónico y la diarrea persistente. También puede deberse a un prolapso rectal o, en la mujer, a un rectocele.

Síntomas y señales de alerta

Las manifestaciones varían según la causa y la gravedad. Las más frecuentes son:

  • Escape involuntario de heces, sólidas o líquidas
  • Sensación de urgencia que no da tiempo de llegar al baño
  • Fuga de gases o de materia fecal al esforzarse
  • Manchado de la ropa interior
  • Pérdida de heces sin darse cuenta

Cualquiera de estas situaciones merece una valoración médica; con frecuencia tienen solución.

Factores de riesgo

Distintas circunstancias aumentan la probabilidad de presentar incontinencia fecal. El daño de los nervios o músculos puede ocurrir durante el parto, por esfuerzo repetido al evacuar, por lesiones de la médula espinal o por un accidente cerebrovascular. Enfermedades como la diabetes o la esclerosis múltiple afectan los nervios que controlan la evacuación. También influyen la inflamación crónica del recto, los tratamientos con radiación, las cirugías previas de esa zona y el estreñimiento prolongado. En niños puede deberse a malformaciones de nacimiento o a problemas del desarrollo.

¿Cómo se diagnostica?

La valoración comienza con una revisión clínica y un tacto rectal para evaluar la fuerza de los músculos del ano. A partir de ahí, los estudios de imagen aportan información muy valiosa sobre la estructura y el funcionamiento de la región.

  • Defecografía por resonancia magnética: ofrece imágenes detalladas de cómo se mueven el piso pélvico y el recto durante la evacuación. Permite observar las distintas etapas (reposo, esfuerzo, contracción y expulsión) y valorar la anatomía y la función de los músculos.
  • Ultrasonido endoanal: se introduce una pequeña sonda en el ano para obtener imágenes y buscar desgarros en los músculos del esfínter.
  • Radiografía de abdomen: ayuda a confirmar la presencia de heces duras retenidas.
  • Defecografía con contraste: mediante imágenes durante la evacuación, muestra qué ocurre cuando la persona intenta defecar.

A estos estudios pueden sumarse pruebas de presión y de actividad muscular, así como exploraciones del colon, según el caso.

¿Cómo se trata?

El tratamiento depende de la causa de fondo y casi siempre se logra una mejoría importante. Las opciones incluyen:

  • Ajustes en la alimentación y, en algunos casos, enemas
  • Medicamentos para controlar la diarrea o el estreñimiento
  • Reeducación intestinal y ejercicios del piso pélvico para fortalecer los músculos
  • Biorretroalimentación, que enseña a controlar mejor el esfínter y a percibir las señales del recto
  • Estimulación de los nervios sacros mediante un dispositivo
  • Cirugía para reparar los músculos dañados o corregir un prolapso o rectocele

El plan se elige de acuerdo con cada persona, buscando recuperar la función y la tranquilidad.

Esta información es de carácter educativo y no sustituye la consulta médica. Cada caso es distinto: si tienes síntomas o dudas, acude con tu médico para una valoración personalizada.

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