¿Qué es?
El cáncer de esófago se presenta cuando se desarrollan células anormales en el esófago, una estructura larga en forma de tubo que conecta la garganta con el estómago. Su función es transportar los alimentos que tragamos, y forma parte del sistema digestivo superior.
Existen dos tipos principales. El carcinoma de células escamosas se origina en las células delgadas y planas que recubren el interior del esófago. El adenocarcinoma surge en las células glandulares de ese mismo recubrimiento.
En las etapas iniciales este cáncer suele no producir síntomas, por lo que con frecuencia se detecta cuando ya está más avanzado. Es más común en personas mayores de 50 años y se presenta con mayor frecuencia en hombres.
Síntomas y señales de alerta
Cuando aparecen molestias, estas pueden incluir:
- Dificultad para tragar o sensación de que la comida se queda atorada
- Dolor al pasar los alimentos
- Pérdida de peso sin causa aparente
- Dolor en el pecho
- Tos y regurgitación de la comida
- Ronquera
- Indigestión y agruras frecuentes
Muchas de estas señales también acompañan a problemas benignos. Por eso conviene revisarlas a tiempo para obtener claridad.
Factores de riesgo
Además de la edad y el sexo, se han identificado varios factores que aumentan la probabilidad de desarrollar este cáncer:
- El tabaquismo
- El consumo importante de alcohol
- La enfermedad por reflujo gastroesofágico, en la que el contenido del estómago sube hacia el esófago
- El esófago de Barrett, un cambio en el recubrimiento del esófago que puede aparecer tras el reflujo de larga evolución
- Antecedentes familiares de esófago de Barrett
La mayoría de las personas con esófago de Barrett no desarrollan cáncer, pero sí conviene mantener seguimiento médico.
¿Cómo se diagnostica?
El médico revisa los antecedentes y realiza una exploración física. Los estudios de imagen son esenciales para saber si hay cáncer y si se ha extendido:
- La radiografía de tórax ofrece una primera vista del interior del pecho.
- La tomografía computarizada de tórax genera múltiples imágenes detalladas y permite valorar la extensión de la enfermedad.
- Entre los estudios especiales, la serie esofagogastroduodenal usa rayos X en tiempo real y un medio de contraste de bario que recubre el esófago para mostrar su forma; cuando se enfoca en el esófago se le conoce como esofagograma.
- El ultrasonido endoscópico evalúa la profundidad del tumor en la pared del esófago, y el PET/CT ayuda a detectar la enfermedad y a saber si se ha diseminado.
Una biopsia es necesaria para confirmar el diagnóstico cuando los estudios no descartan que un hallazgo sea benigno.
¿Cómo se trata?
El tratamiento depende del tipo, la ubicación y la etapa de la enfermedad. Cuanto antes se detecte, mayores son las posibilidades de recuperación. Las principales opciones son:
- La cirugía, que es el tratamiento más común y puede ir desde retirar un tumor pequeño hasta extraer una parte del esófago.
- La radioterapia, que utiliza rayos de alta energía y suele combinarse con quimioterapia y cirugía.
- La quimioterapia, con medicamentos que destruyen las células cancerosas, empleada antes o después de la cirugía.
- Tratamientos adicionales como la terapia dirigida y la inmunoterapia, según las características del tumor.
Como este cáncer puede dificultar la alimentación, a veces se requieren apoyos nutricionales durante el tratamiento. El plan siempre se adapta a cada persona.