Enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia: una pérdida gradual de funciones del cerebro que afecta la memoria, el lenguaje, el juicio y la conducta. Avanza con los años, y aunque no tiene cura, un buen diagnóstico ayuda a planear los cuidados.

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¿Qué es?

La enfermedad de Alzheimer es la causa más frecuente de demencia, es decir, de una pérdida de funciones del cerebro que afecta la memoria, el pensamiento, el lenguaje, el juicio y el comportamiento. En esta enfermedad, un gran número de neuronas dejan de funcionar, pierden la conexión con otras neuronas y mueren.

Se trata de una enfermedad progresiva e irreversible: con el tiempo va deteriorando la memoria y la capacidad de razonar, hasta afectar incluso las tareas más sencillas de la vida diaria. Aunque su causa exacta aún no se conoce, los científicos asocian la enfermedad con la acumulación en el cerebro de unas sustancias llamadas placas de beta-amiloide y ovillos neurofibrilares.

La enfermedad suele avanzar por etapas, de leve a moderada y luego severa. Los síntomas aparecen lentamente y empeoran a lo largo de varios años, aunque el ritmo varía mucho de una persona a otra. Existe además una etapa intermedia llamada deterioro cognitivo leve, en la que hay pequeños problemas de memoria y pensamiento que todavía no interfieren con la vida diaria; no todas las personas con deterioro cognitivo leve desarrollan Alzheimer.

Síntomas y señales de alerta

El primer síntoma suele ser el olvido. Conforme la enfermedad avanza, pueden aparecer:

  • Olvidos cada vez más frecuentes y notorios
  • Dificultad para encontrar las palabras o para comunicarse
  • Problemas para realizar tareas que requieren razonar
  • Cambios de personalidad y pérdida de habilidades sociales
  • Cambios en el sueño, decaimiento del ánimo o agitación
  • Dificultad para actividades básicas como leer o escribir, y mal juicio

En las etapas más avanzadas, la persona puede dejar de reconocer a sus familiares o de comprender el lenguaje.

Factores de riesgo

Algunos factores se asocian con una mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad:

  • La edad avanzada, que es el factor más importante
  • Los antecedentes familiares de la enfermedad
  • El deterioro cognitivo leve, que puede ser una etapa previa
  • Factores relacionados con la salud del corazón y los vasos sanguíneos

Conocer estos factores ayuda a estar atentos y a buscar una valoración cuando aparecen los primeros cambios.

¿Cómo se diagnostica?

No existe una sola prueba que confirme el Alzheimer. El diagnóstico se realiza identificando ciertos síntomas y, sobre todo, descartando otras causas de demencia. Para ello se hace una valoración médica completa que incluye la historia clínica, pruebas del estado mental, una exploración física y neurológica, análisis de sangre y estudios de imagen del cerebro. Estos estudios son una pieza clave del proceso:

  • La tomografía de cráneo se usa para buscar y descartar otras causas de demencia, como un tumor cerebral, un coágulo de sangre acumulado o un evento vascular cerebral.
  • La resonancia magnética de cráneo ofrece imágenes muy detalladas del cerebro. Puede detectar alteraciones asociadas al deterioro cognitivo leve y ayudar a anticipar qué pacientes podrían evolucionar hacia el Alzheimer. En las primeras etapas, la resonancia puede verse normal; en las más avanzadas puede mostrar una reducción del tamaño de ciertas zonas del cerebro, sobre todo de los lóbulos temporal y parietal.
  • El PET y el PET/CT de cráneo son estudios de medicina nuclear que usan pequeñas cantidades de material radiactivo. El PET/CT combina información sobre la anatomía y el funcionamiento del cerebro, y ayuda a distinguir el Alzheimer de otros tipos de demencia. Existe también un estudio relacionado, el SPECT, que se utiliza con un propósito similar.

¿Cómo se trata?

Actualmente no existe una cura para la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, sí hay medicamentos que pueden ayudar a hacer más lento su avance y a controlar los síntomas, lo que contribuye a mantener la mejor calidad de vida posible durante más tiempo.

Más allá de los medicamentos, el acompañamiento es fundamental. Contar con un diagnóstico claro permite a la familia organizarse, planear los cuidados con anticipación y buscar apoyo. El tratamiento siempre debe ser indicado y supervisado por un médico, que ajustará las opciones a la etapa de la enfermedad y a las necesidades de cada persona.

Esta información es de carácter educativo y no sustituye la consulta médica. Cada caso es distinto: si tienes síntomas o dudas, acude con tu médico para una valoración personalizada.

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