¿Qué es?
Un divertículo es una pequeña bolsa que se forma en la pared del intestino grueso. La presencia de estas bolsas, llamada diverticulosis, es muy común a partir de los 50 años y por lo general no produce ningún síntoma.
La diverticulitis ocurre cuando una de esas bolsas se inflama o se infecta. Lo más frecuente es que afecte un tramo de la parte baja del intestino llamado colon sigmoides, y suele provocar dolor y sensibilidad en la parte baja izquierda del abdomen. Si no se atiende a tiempo, puede progresar y dar lugar a complicaciones como un absceso, una obstrucción del intestino o una comunicación anormal entre el colon y otros órganos, conocida como fístula. En casos poco frecuentes, la inflamación irrita los vasos sanguíneos cercanos y produce sangrado. Los episodios repetidos pueden generar cicatrices que estrechan el intestino. La buena noticia es que muchos casos son leves y responden bien al tratamiento.
Síntomas y señales de alerta
Los síntomas más característicos son:
- Dolor en la parte baja izquierda del abdomen
- Sensibilidad al tocar esa zona
- Fiebre y escalofríos
- Náuseas
- Cambios en la evacuación
- En casos poco comunes, sangrado abundante de color rojo o vino
Conviene buscar atención médica cuando el dolor abdominal es persistente o se acompaña de fiebre.
Factores de riesgo
No se conoce la causa exacta de la diverticulitis, pero se relaciona con varios factores:
- Tener más de 50 años, ya que el riesgo aumenta con la edad
- El sobrepeso y la obesidad
- La falta de actividad física
- El tabaquismo
- El uso de ciertos medicamentos, como los antiinflamatorios y los esteroides
Es algo más frecuente en hombres que en mujeres.
¿Cómo se diagnostica?
Los síntomas de la diverticulitis pueden parecerse a los de otros padecimientos abdominales; por ejemplo, suele causar dolor del lado izquierdo, mientras que la apendicitis lo provoca del lado derecho. Como el tratamiento varía según la causa, un diagnóstico preciso y oportuno es muy importante, y aquí los estudios de imagen tienen un papel central.
La tomografía computarizada del abdomen y la pelvis es el mejor estudio para diagnosticar la diverticulitis: confirma la inflamación, ayuda a valorar su gravedad y a detectar complicaciones, y orienta el tratamiento. Se realiza preferentemente con contraste intravenoso y, en muchos centros, también con un contraste que se toma por vía oral, ya que ambos hacen que el intestino se vea con mayor claridad. El ultrasonido de la pelvis puede aportar información sin emplear radiación, aunque su detalle es menor que el de la tomografía. En ocasiones se utiliza una radiografía para valorar posibles complicaciones, y la colonoscopia permite observar directamente el interior del colon. Los análisis de sangre y de orina complementan el estudio.
¿Cómo se trata?
El tratamiento depende de la gravedad de los síntomas y de la presencia de complicaciones.
En los casos leves y sin complicaciones, el médico suele indicar reposo, antibióticos por vía oral y una dieta líquida; conforme los síntomas mejoran, se regresa de forma gradual a los alimentos sólidos. En los casos más graves puede requerirse ingreso al hospital para recibir antibióticos por vía intravenosa.
Cuando aparecen complicaciones como una perforación, un absceso, una fístula o una obstrucción, puede ser necesaria la cirugía. Un radiólogo intervencionista puede drenar un absceso mediante un procedimiento mínimamente invasivo y, en caso de sangrado, controlarlo a través de un estudio especializado de los vasos sanguíneos. Los pacientes con episodios repetidos también pueden requerir cirugía. El seguimiento médico ayuda a prevenir nuevas crisis.