Enfermedad de Crohn

La enfermedad de Crohn es un padecimiento inflamatorio crónico del aparato digestivo que afecta con mayor frecuencia el tramo final del intestino delgado. Aunque no tiene cura, un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado permiten controlar los síntomas y vivir bien.

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¿Qué es?

La enfermedad de Crohn es un tipo de enfermedad inflamatoria intestinal que produce inflamación e irritación en el aparato digestivo. Aunque puede afectar cualquier punto del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, lo más común es que se localice en el tramo final del intestino delgado, llamado íleon.

Los síntomas se deben a una activación inadecuada del sistema inmunitario. No se conoce con exactitud su causa, pero existe evidencia de que la herencia genética tiene un papel importante. Esta enfermedad puede provocar úlceras profundas en la pared del intestino y, con el tiempo, la inflamación repetida genera tejido de cicatrización que estrecha el intestino y dificulta el paso de los alimentos, causando cólicos. La enfermedad de Crohn puede aparecer tanto en niños como en adultos; de hecho, cerca de uno de cada cinco pacientes presenta síntomas antes de los 20 años. Sus molestias se parecen a las de la colitis ulcerosa, aunque esta última se limita al intestino grueso.

Síntomas y señales de alerta

Los síntomas más frecuentes son el dolor abdominal —a menudo en la parte baja derecha— y la diarrea. También pueden presentarse:

  • Sangrado por el recto
  • Pérdida de peso sin causa aparente
  • Fiebre
  • Cansancio o sensación de debilidad
  • Cólicos intensos

Como es una enfermedad que cursa con periodos de actividad y de calma, conviene mantener un seguimiento médico constante.

Factores de riesgo

Algunos aspectos se asocian con esta enfermedad:

  • Tener antecedentes familiares, ya que la genética influye de forma importante
  • La edad joven, pues suele diagnosticarse antes de los 30 años
  • Una respuesta inmunitaria alterada del organismo

No es una enfermedad que se contagie ni que se deba a algo que el paciente haya hecho mal.

¿Cómo se diagnostica?

El estudio de la enfermedad de Crohn comienza con la historia clínica, la exploración física y análisis de sangre y de heces que buscan signos de inflamación o sangrado y descartan infecciones. A partir de ahí, los estudios de imagen y endoscópicos son esenciales para confirmar el diagnóstico y conocer la extensión de la enfermedad.

La tomografía computarizada del cuerpo ofrece imágenes detalladas del abdomen; una variante llamada enterografía por tomografía se realiza con contraste y permite ver muy bien el intestino delgado, por lo que en muchos centros ha sustituido a estudios más antiguos. La resonancia magnética del abdomen y, en especial, la enterografía por resonancia, también con contraste, muestran con gran detalle el intestino delgado sin emplear radiación, lo que la hace muy útil para el seguimiento. Además, ciertos estudios especiales con contraste de bario y fluoroscopia ayudan a evaluar distintos segmentos del tubo digestivo. La endoscopia, como la colonoscopia, complementa esta valoración. La combinación de estudios permite un diagnóstico preciso.

¿Cómo se trata?

Aunque la enfermedad de Crohn no tiene cura, el tratamiento puede mejorar mucho los síntomas, controlar la inflamación y corregir las deficiencias nutricionales. Las opciones incluyen:

  • Medicamentos: antiinflamatorios, fármacos que regulan el sistema inmunitario y antibióticos para controlar la inflamación
  • Apoyo nutricional: fórmulas líquidas de alto contenido calórico o nutrición por vía intravenosa para dar descanso al intestino inflamado
  • Cirugía: cuando aparecen complicaciones, puede extirparse el segmento dañado del intestino y unir las porciones sanas; en algunos casos se requiere retirar parte del colon

Con un manejo adecuado y un seguimiento cercano, la mayoría de las personas con enfermedad de Crohn logra controlar bien su padecimiento.

Esta información es de carácter educativo y no sustituye la consulta médica. Cada caso es distinto: si tienes síntomas o dudas, acude con tu médico para una valoración personalizada.

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