¿Qué es?
El cáncer cervicouterino puede originarse a partir de células anormales en el cuello del útero, que es la parte baja de la matriz y la conecta con la vagina. La mayoría de los casos se relaciona con una infección previa por el virus del papiloma humano (VPH), que se transmite por vía sexual.
El VPH puede provocar cambios precancerosos en las células del cuello del útero que, con el tiempo, podrían convertirse en cáncer. La buena noticia es que suele tratarse de una enfermedad de desarrollo lento, lo que abre una valiosa ventana para detectarla a tiempo.
Es importante saber que existe una vacuna contra el VPH dirigida a niñas, niños y personas jóvenes, que ayuda a prevenir esta enfermedad cuando se aplica antes de la exposición al virus.
Síntomas y señales de alerta
En etapas tempranas, el cáncer cervicouterino puede no producir síntomas. Cuando aparecen, pueden incluir:
- Sangrado vaginal fuera de lo habitual
- Periodos menstruales irregulares
- Dolor en la pelvis
- Dolor durante las relaciones sexuales
- Sangrado después de las relaciones
- Flujo vaginal anormal
Estas molestias pueden deberse a causas benignas, pero conviene comentarlas con el médico para revisarlas con calma.
Factores de riesgo
El factor más importante es la infección por el virus del papiloma humano. Otros aspectos que pueden influir son:
- No contar con revisiones ginecológicas periódicas
- No haber recibido la vacuna contra el VPH
- El tabaquismo
- Tener un sistema inmunológico debilitado
Las revisiones periódicas son la mejor herramienta para identificar cambios a tiempo, incluso antes de que se conviertan en cáncer.
¿Cómo se diagnostica?
El proceso suele comenzar con el papanicolaou, que analiza células del cuello del útero para detectar alteraciones. Si se encuentran cambios, puede realizarse una colposcopía, que observa la zona con un microscopio especial, y una biopsia para confirmar el diagnóstico.
Cuando se detecta cáncer, los estudios de imagen son clave para saber si se ha extendido y para guiar el tratamiento:
- La resonancia magnética ofrece imágenes muy detalladas de la pelvis y ayuda a definir la extensión local del tumor, información valiosa para decidir si la cirugía es una buena opción.
- El ultrasonido apoya la evaluación de la zona y se utiliza también para guiar con precisión la colocación de la braquiterapia.
- La tomografía computarizada del cuerpo permite valorar si la enfermedad se ha diseminado, por ejemplo hacia los pulmones.
- El PET, combinado con tomografía o resonancia, aporta vistas que llevan a un diagnóstico más preciso.
Estos estudios transforman una sospecha en información clara que orienta cada decisión.
¿Cómo se trata?
El tratamiento depende de la etapa de la enfermedad. Las opciones incluyen:
- En etapas muy tempranas, cirugías que conservan la fertilidad, como la conización (biopsia en cono) o la traquelectomía.
- La cirugía más común para etapas tempranas es la histerectomía, que retira el cuello del útero, la matriz y parte de la vagina, con muestreo de los ganglios cercanos.
- La radioterapia, que puede aplicarse después o en lugar de la cirugía, combina radiación externa y braquiterapia, en la que se coloca material radiactivo cerca del tumor con guía por imagen.
- La quimioterapia, que suele usarse como tratamiento complementario junto con la radioterapia para mejorar los resultados.
Cada plan se diseña de forma individual, pensando en el mejor resultado y bienestar de la paciente.