¿Qué es?
La hiperplasia prostática benigna, conocida como HPB, es un crecimiento no canceroso de la próstata. La próstata es una glándula del tamaño de una nuez que forma parte del aparato reproductor masculino y rodea a la uretra justo a la salida de la vejiga. La uretra es el conducto por el que la orina sale del cuerpo.
Con el paso de los años, la próstata tiende a aumentar de tamaño. Como envuelve a la uretra, al crecer puede comprimirla y estrechar ese paso. Por eso aparecen molestias para orinar, como un chorro lento o débil. Es importante subrayar algo tranquilizador: la HPB es una afección benigna y no es cáncer, aunque conviene valorarla con un médico.
Síntomas y señales de alerta
Las molestias urinarias son el rasgo más característico. Las más frecuentes son:
- Chorro de orina lento o débil
- Necesidad de pujar para iniciar la micción
- Aumento en la frecuencia de orinar, también de noche
- Urgencia o ganas repentinas de ir al baño
- Sensación de no vaciar por completo la vejiga
- Flujo intermitente o goteo al final
Cuando estas molestias afectan el descanso o la vida diaria, es buen momento para acudir a consulta.
Factores de riesgo
El principal factor es la edad: la HPB es el trastorno más común de la próstata y se vuelve cada vez más frecuente a partir de los 45 años. Más de la mitad de los hombres en la sexta década de vida y la gran mayoría en la séptima y octava presentan algún grado de síntomas. Aunque aún no se conoce una causa única, se cree que las hormonas masculinas, en particular la dihidrotestosterona, participan en el crecimiento de la glándula.
¿Cómo se diagnostica?
Detectar la HPB a tiempo es importante, ya que sin tratamiento puede favorecer infecciones urinarias, daño a la vejiga o los riñones y problemas para orinar. También es clave distinguirla de enfermedades más serias, como el cáncer de próstata. Aquí los estudios de imagen tienen un papel central.
- Ultrasonido transabdominal: mide el tamaño de la próstata y permite calcular cuánta orina queda en la vejiga después de orinar. Es cómodo y no usa radiación.
- Ultrasonido transrectal: ofrece imágenes precisas de la próstata; sirve para conocer su tamaño exacto al planear una cirugía y, cuando hace falta, para guiar una biopsia.
- Resonancia magnética de la próstata: muestra toda la glándula con excelente detalle de los tejidos blandos, lo que ayuda a caracterizarla mejor.
La valoración suele completarse con un cuestionario de síntomas, un estudio del flujo urinario, el tacto rectal y el análisis de sangre del antígeno prostático (PSA).
¿Cómo se trata?
El tratamiento depende de la intensidad de las molestias. Cuando los síntomas son leves, a veces solo se requiere vigilancia. Si afectan la calidad de vida, muchos hombres mejoran con medicamentos que relajan los músculos de la próstata o reducen su tamaño.
Si los fármacos no son suficientes o hay signos de daño, puede recomendarse una intervención. Existen procedimientos mínimamente invasivos, como la colocación de implantes o el uso de vapor de agua, y técnicas quirúrgicas como la resección transuretral o la cirugía con láser, todas con el fin de ampliar el paso de la orina. La embolización de las arterias prostáticas, realizada por radiología intervencionista, es otra alternativa. La elección se hace de manera personalizada.