¿Qué es?
La artritis es la inflamación de una o más articulaciones, es decir, de las zonas donde dos o más huesos se tocan y se mueven entre sí. Existen más de cien formas distintas, pero las dos más frecuentes son la artrosis y la artritis reumatoide.
La artrosis, también llamada enfermedad articular degenerativa, se debe en parte al desgaste de partes de la articulación, como el cartílago, y se vuelve más común con la edad. Ese desgaste puede generar inflamación. La artritis reumatoide, en cambio, es una enfermedad autoinmune en la que las defensas del propio cuerpo atacan el recubrimiento normal de la articulación, lo que daña sobre todo el cartílago. Otras causas incluyen lesiones, mala alineación de las extremidades, infecciones, otras condiciones autoinmunes y depósitos anormales en la articulación, como ocurre en la gota.
Aunque cualquier articulación puede afectarse, algunos tipos tienen zonas preferidas: la artritis reumatoide suele atacar muñecas, nudillos, pies, cuello y articulaciones grandes, mientras que la artrosis afecta con frecuencia la base de los pulgares, los dedos, las rodillas, las caderas, los hombros y la parte baja de la columna.
Síntomas y señales de alerta
Los síntomas varían según el tipo y la articulación afectada, pero los más comunes son:
- Dolor, rigidez o hinchazón en las articulaciones, que puede notarse por las mañanas o después de la actividad
- Menor amplitud de movimiento en una articulación o en la columna
- Sensibilidad y enrojecimiento de la piel alrededor de la articulación
- Sensación de que la articulación se traba o se atora al moverla
Factores de riesgo
Varios factores aumentan la probabilidad de desarrollar artritis:
- La edad avanzada, sobre todo en el caso de la artrosis
- Ser mujer, ya que casi seis de cada diez personas afectadas lo son
- Lesiones o traumatismos previos en una articulación
- Una alineación anormal de las extremidades
- Enfermedades autoinmunes
- Antecedentes de infecciones articulares
Aunque la artritis se presenta sobre todo en adultos, los niños también pueden desarrollar algunos tipos, en especial los relacionados con lesiones o enfermedades autoinmunes.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico empieza con una exploración física completa que incluye columna, articulaciones, piel y ojos. También pueden pedirse análisis de sangre para buscar señales de inflamación y, si se sospecha una infección o gota, extraer un poco de líquido de la articulación para analizarlo. Los estudios de imagen son fundamentales para ver lo que ocurre dentro:
- La radiografía muestra los huesos y cómo se relacionan en la articulación. Ayuda a valorar la cantidad de cartílago en los extremos óseos, detectar deformidades y reconocer los cambios que la artritis va dejando en el hueso.
- La tomografía es muy útil para examinar articulaciones profundas y difíciles de evaluar con una radiografía simple, como las de la columna o la pelvis.
- La resonancia magnética tiene la ventaja de mostrar tanto el hueso como los tejidos blandos que lo rodean: cartílago, ligamentos y el recubrimiento interno de la articulación. Es ideal para descubrir alteraciones invisibles en la radiografía y para evaluar si un tratamiento está funcionando.
- El ultrasonido ofrece imágenes detalladas de las articulaciones y los tejidos blandos cercanos a la superficie de la piel, de forma rápida y sin radiación.
¿Cómo se trata?
El tratamiento depende del tipo de artritis, su gravedad y su ubicación. Las opciones más habituales son:
- Medicamentos: existen tratamientos con y sin receta que reducen la inflamación y el dolor de las articulaciones.
- Terapia: la fisioterapia y el ejercicio mejoran la flexibilidad y la amplitud de movimiento, además de fortalecer músculos y huesos. También pueden ayudar el masaje, la terapia en el agua o el uso de plantillas y soportes.
- Cirugía: en algunos casos, el reemplazo de la articulación o su fusión quirúrgica es la mejor alternativa.
Cada persona responde distinto, por lo que el plan más adecuado se define junto con tu médico.