¿Qué es?
La angina de pecho, conocida también solo como angina, es una molestia o dolor temporal en el pecho que aparece cuando el músculo del corazón no recibe suficiente sangre. Al disminuir el flujo, llega menos oxígeno al corazón y eso provoca la sensación dolorosa. Una de las causas más frecuentes es la enfermedad de las arterias coronarias, en la que estos vasos que alimentan al corazón se vuelven más estrechos.
Es importante entender algo que tranquiliza a muchos pacientes: la angina no es un infarto. Sin embargo, sí funciona como una advertencia de que existe mayor riesgo de sufrirlo. Por eso, ante cualquier dolor o molestia en el pecho conviene buscar atención médica sin demora.
Existen dos formas principales:
- Angina estable: la más común. Aparece durante el esfuerzo físico y suele durar poco, alrededor de cinco minutos o menos, cediendo cuando se descansa.
- Angina inestable: menos frecuente. Puede presentarse incluso en reposo, dura más tiempo y los síntomas tienden a ser más intensos.
Síntomas y señales de alerta
Las molestias de la angina pueden sentirse de varias maneras. Entre las más reconocibles están:
- Dolor, presión u opresión en el pecho
- Molestia que se extiende a la mandíbula, el cuello, los brazos, los hombros, la espalda o la parte alta del abdomen
- Cansancio fuera de lo habitual
- Sudoración
- Náusea
- Mareo
Factores de riesgo
Varias condiciones aumentan las probabilidades de desarrollar angina. Entre las más reconocidas se encuentran la presión arterial alta, la diabetes, el sobrepeso y la obesidad, los antecedentes familiares de enfermedad del corazón, el consumo de tabaco, el estrés sostenido y la edad avanzada. Conocer estos factores ayuda a tomar medidas de prevención.
¿Cómo se diagnostica?
El médico suele empezar con un electrocardiograma, que registra la actividad eléctrica del corazón, y a veces con una prueba de esfuerzo sin imágenes o con análisis de sangre que detectan enzimas y niveles de colesterol relacionados con el riesgo cardíaco.
Los estudios de imagen aportan información muy valiosa para entender qué ocurre en el corazón:
- Radiografía de tórax: ayuda a descartar otras causas de dolor en el pecho, como una neumonía.
- Tomografía de tórax: más detallada que la radiografía, puede identificar problemas de la aorta o coágulos en los vasos del pulmón.
- Angiotomografía coronaria: evalúa las arterias coronarias y muestra cuánto se han estrechado por placa, sin necesidad de introducir un catéter hasta el corazón.
- Resonancia magnética cardíaca: valora el flujo de sangre al músculo del corazón, su funcionamiento y la presencia de cicatrices.
- Ecocardiograma: un ultrasonido que muestra el movimiento de las paredes del corazón en tiempo real.
Estos estudios permiten convertir una sospecha en información clara y precisa para decidir el mejor tratamiento.
¿Cómo se trata?
El manejo combina cambios en el estilo de vida con tratamientos médicos. Suele recomendarse mantener un peso saludable, llevar una alimentación equilibrada y baja en grasas, dejar el tabaco y buscar formas de reducir el estrés.
Además, el médico puede indicar:
- Medicamentos como aspirina, estatinas, betabloqueadores, bloqueadores de los canales de calcio o nitratos, entre otros.
- Angioplastia con colocación de stent: un procedimiento que abre la zona estrechada de la arteria coronaria y mejora el flujo de sangre al corazón.
- Cirugía de derivación coronaria (bypass): crea una nueva ruta para que la sangre rodee la zona obstruida y llegue mejor al corazón.
Cada caso es distinto, y el tratamiento se ajusta a las necesidades de cada persona.